MAESTRA
Mirabas aquellas almas curiosas y destellantes,
alegres cual campanillas sonoras y tintineantes.
Eran acaso tu impulso, tu fuerza y tu motor.
Siempre luz, siempre detalles, siempre ejemplo
transmitiste, y es que
recibiste del Supremo ese inefable don que es
amar a los pequeños, con la mente y el corazón.
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