Contigo a la eternidad

martes, 7 de septiembre de 2010

Reflexiones

Animar a leer
Desde la década del 70 se habla de Animación a la Lectura. Cuánto tiempo ha pasado desde que el término incursionó en el ámbito educativo. Sin embargo hoy, en nuestro país, sigue costando a muchos maestros llevar a la práctica estrategias que verdaderamente despierten en los niños y jóvenes el gusto por la lectura y aseguren un acercamiento real y permanente al libro, por ende al conocimiento, a la adquisición de valores, a la capacidad crítica.
Esto no es casual, obedece a una serie de ideas preconcebidas que muchas veces se tiene en relación al tema. Se teme caminar por terrenos desconocidos y arriesgarse a experimentar y recorrer otros, que demandan un cambio radical de paradigma, un deseo de innovación continua, una capacidad investigativa y creativa, una concepción distinta de lo que significa leer.
Se ha recibido la información de que la lectura es el proceso de la recuperación y aprehensión de algún tipo de información o ideas almacenadas en un soporte y transmitidas mediante algún tipo de código, usualmente un lenguaje. Entonces crece el conformismo de enseñar a decodificar grafías, a repetir una letanía de datos y mensajes; creyendo que así se está “enseñando a leer” y eso es suficiente. Sin contar con que los maestros de otras áreas, distintas al Área de Comunicación, simplemente no tienen a la lectura como eje transversal.
Esa enseñanza de lectura persiste durante toda la educación básica, obteniendo como resultado, niños y jóvenes a quienes “no les gusta leer”, o si lo hacen es por obligación. Se lee más como fuente de información que como fuente de conocimiento.
Por otro lado, no siempre los adultos, padres y maestros, se constituyen en modelos lectores, y si lo hacen es para enterarse de cómo va en la tabla de posiciones su equipo favorito, qué pasó con tal o cual personaje de la farándula o qué le depara el destino a través del horóscopo. Se desconoce el valor de una obra literaria, por ejemplo. Y esto no solo compete al Área de Comunicación, involucra a todas las demás, puesto que la base del conocimiento es la lectura, partiendo de crear un acercamiento al libro y esto se logra con textos literarios.
Facilitarles a los niños y jóvenes libros para escoger el que quieren leer, para esto el maestro debe tener un bagaje de lecturas que lo posibiliten a seleccionar de manera rápida y acertada el material, leerles en voz alta; aún cuando estén en secundaria y no anteponer el carácter “evaluativo” como una camisa de fuerza.
Si bien esto suena a perogrullada, en muchas escuelas no se cumple. Es más fácil designar la tarea de leer y luego evaluar la supuesta “comprensión lectora”, desarrollar los temas, acabar el programa, como si así aseguráramos el aprendizaje significativo de los alumnos. Dónde queda la lectura por la lectura, por gusto, por enriquecimiento personal, por conocimiento del mundo.
Habría que revisar y reformular el currículo de formación docente. Cómo se está preparando a los futuros maestros para que esta cadena de desconocimiento de herramientas en relación a la animación a la lectura, finalice. Incluir en el programa de formación, cursos de literatura, talleres de creación literaria y de producción de textos, además de concientizar acerca del compromiso vital que tiene el docente con la sociedad.

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