Contigo a la eternidad

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martes, 7 de septiembre de 2010

Motivando a leer

Motivando a leer: un compromiso ineludible.

Muchas veces nos hemos preguntado por qué a nuestros alumnos ‘no les gusta leer’. ¿En realidad no les gusta? O es que no hemos señalado el camino adecuado, presentándoles libros que los atrapen de tal manera que despierte en ellos la necesidad imperiosa de leer.

Por otro lado, se impone nuestra creencia de que somos quienes deben seleccionar los libros puesto que somos ‘los maestros’ y sabemos qué es lo que les gusta. Esto no deja de ser cierto, pero antes que nada está la motivación y el interés de los alumnos, la decisión de leer y, por qué no; la de no leer.

Esto puede sonar a dejar hacer dejar pasar, pero muchas veces, resulta más conveniente al hecho de que los alumnos lean por obligación, perdiendo el poco interés que puedan sentir por la lectura y negándoles la posibilidad de sentir el placer de leer.

Frente a esta realidad, en nuestro colegio, hemos venido trabajando hace algunos años una serie de estrategias para acercar a nuestros alumnos al libro, posibilitando la adquisición del hábito de leer. Son ellos quienes, frente a la gama de libros que les ofrecemos, eligen el libro que los llevará a recorrer la senda de la imaginación, la aventura y el placer.

Solicitamos a las editoriales una variedad de obras y las ponemos al alcance de nuestros alumnos, quienes con mucho entusiamo revisan las portadas, hojean y dialogan en torno a lo que les sugiere, analizan las imágenes, si es que las hubiera, y finalmente deciden. Es tal la motivación que, después de hacer la tabulación de los votos y exponer el libro ganador, se entregan con ahínco a la maravillosa tarea de leer.

Al inicio de cada clase de Comunicación llevamos a cabo el momento de lectura. Quince minutos en los cuales todos leemos por el gusto de leer. No cuestionarios, no evaluaciones, simplemente leemos. Podemos compartir la experiencia, las emociones suscitadas, lo que queramos. Nos queda aún la tarea de lograr que todos los miembros de nuestro colegio lo haga también, desterrando la idea de que solo los de Comunicación tienen esa misión.

En el mes de marzo, los alumnos de tercero de secundaria leyeron Todos los futbolistas van al cielo y las alumnas, Él entre nosotras. Como estrategia motivadora, decidimos invitar a un futbolista, a quien previamente le habíamos obsequiado el primer libro mencionado. Todos esperaban con ansias la visita de Leao Butrón, quien, llegado el día; compartió con ellos su experiencia con el libro y como futbolista (arquero de la selección). Relacionó la historia del libro con su vida y se sometió a las preguntas de los muchachos.

Como casi siempre iniciamos nuestra caminata de lectura con la intervención de la maestra, quien lee en voz alta para después continuar con la lectura silenciosa, las alumnas también conocían la obra leída por los muchachos y viceversa. Ellas también disfrutaron del compartir y, formularon preguntas a Leao en relación al libro y a su experiencia con el libro.

Esta es una de las estrategias que hemos empleado en nuestro afán de despertar en nuestros alumnos ‘el placer de leer’, placer que lo llevará a acercarse a los más variados y disímiles libros, teniendo acceso al conocimiento, además de despertar en ellos la imaginación, la valoración; formando personas creativas y con capacidad de dicernimiento.

Reflexiones

Animar a leer
Desde la década del 70 se habla de Animación a la Lectura. Cuánto tiempo ha pasado desde que el término incursionó en el ámbito educativo. Sin embargo hoy, en nuestro país, sigue costando a muchos maestros llevar a la práctica estrategias que verdaderamente despierten en los niños y jóvenes el gusto por la lectura y aseguren un acercamiento real y permanente al libro, por ende al conocimiento, a la adquisición de valores, a la capacidad crítica.
Esto no es casual, obedece a una serie de ideas preconcebidas que muchas veces se tiene en relación al tema. Se teme caminar por terrenos desconocidos y arriesgarse a experimentar y recorrer otros, que demandan un cambio radical de paradigma, un deseo de innovación continua, una capacidad investigativa y creativa, una concepción distinta de lo que significa leer.
Se ha recibido la información de que la lectura es el proceso de la recuperación y aprehensión de algún tipo de información o ideas almacenadas en un soporte y transmitidas mediante algún tipo de código, usualmente un lenguaje. Entonces crece el conformismo de enseñar a decodificar grafías, a repetir una letanía de datos y mensajes; creyendo que así se está “enseñando a leer” y eso es suficiente. Sin contar con que los maestros de otras áreas, distintas al Área de Comunicación, simplemente no tienen a la lectura como eje transversal.
Esa enseñanza de lectura persiste durante toda la educación básica, obteniendo como resultado, niños y jóvenes a quienes “no les gusta leer”, o si lo hacen es por obligación. Se lee más como fuente de información que como fuente de conocimiento.
Por otro lado, no siempre los adultos, padres y maestros, se constituyen en modelos lectores, y si lo hacen es para enterarse de cómo va en la tabla de posiciones su equipo favorito, qué pasó con tal o cual personaje de la farándula o qué le depara el destino a través del horóscopo. Se desconoce el valor de una obra literaria, por ejemplo. Y esto no solo compete al Área de Comunicación, involucra a todas las demás, puesto que la base del conocimiento es la lectura, partiendo de crear un acercamiento al libro y esto se logra con textos literarios.
Facilitarles a los niños y jóvenes libros para escoger el que quieren leer, para esto el maestro debe tener un bagaje de lecturas que lo posibiliten a seleccionar de manera rápida y acertada el material, leerles en voz alta; aún cuando estén en secundaria y no anteponer el carácter “evaluativo” como una camisa de fuerza.
Si bien esto suena a perogrullada, en muchas escuelas no se cumple. Es más fácil designar la tarea de leer y luego evaluar la supuesta “comprensión lectora”, desarrollar los temas, acabar el programa, como si así aseguráramos el aprendizaje significativo de los alumnos. Dónde queda la lectura por la lectura, por gusto, por enriquecimiento personal, por conocimiento del mundo.
Habría que revisar y reformular el currículo de formación docente. Cómo se está preparando a los futuros maestros para que esta cadena de desconocimiento de herramientas en relación a la animación a la lectura, finalice. Incluir en el programa de formación, cursos de literatura, talleres de creación literaria y de producción de textos, además de concientizar acerca del compromiso vital que tiene el docente con la sociedad.