La felicidad es un estado momentáneo
que viene y se va sin avisar.
Cabalgas sobre ella con frenesí,
para luego desmontarlo y caer a un pozo oscuro
donde penas y lamentos te persiguen
como almas desgraciadas
buscando salir de ese infierno
que Dante dividiera en nueve círculos.
Te conformas con el purgatorio y esperas
otra vez subir al lomo
de esa bestia
que se hará esperar por quizás indefinido tiempo.
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